Pocos alimentos evocan tanta comodidad como el vada, un alimento básico muy apreciado en la cocina del sur de la India. Elaborado con urad dal remojado y finamente molido, moldeado en forma de anillo y frito hasta que queda crujiente, su forma es fácilmente reconocible. El característico agujero no es solo decorativo, sino que permite que la masa se cocine de manera uniforme, creando un vada esponjoso por dentro y dorado por fuera.
Servidas calientes con chutney de coco y sambar, las vadas aparecen en las mesas del desayuno, en las ofrendas de los templos, en los menús festivos y en los banquetes de boda. Su sencillez encierra una sabiduría silenciosa, que refleja equilibrio, moderación y nutrición. En muchos hogares, el acto de dar forma a las vadas es un ritual en sí mismo, transmitido de generación en generación.
Existen variaciones regionales en todo el sur de la India, desde versiones más suaves y especiadas hasta otras más grandes para celebraciones, pero la esencia permanece inalterable. El aroma de la masa frita, el crujido de la corteza y la suavidad del interior hacen que la vada sea profundamente satisfactoria. Más que un aperitivo o una comida, es un recuerdo comestible arraigado en la tradición, compartido generosamente y apreciado por el consuelo que aporta con cada bocado.