Algunos artistas interpretan. Otros traducen culturas.Pandit Ravi Shankar hizo algo verdaderamente excepcional: llevó el alma de la música clásica india a través de fronteras, idiomas y generaciones, sin diluir jamás su profundidad.
Nacido en 1920 en Varanasi, la vida temprana de Ravi Shankar estuvo marcada por el viaje y la tradición. Tras años de presentaciones en el extranjero como bailarín, regresó a la India para estudiar con el legendario Ustad Allauddin Khan, adoptando la disciplina del guru-shishya parampara.
Su dominio del sitar no fue solo técnico; fue filosófico. Creía que la música era una búsqueda espiritual, capaz de elevar la conciencia. Esta creencia resonó a nivel mundial durante la década de 1960, cuando sus colaboraciones con músicos occidentales —especialmente George Harrison de The Beatles— introdujeron la música clásica india a públicos completamente nuevos.
Aun así, Shankar permaneció profundamente arraigado a sus orígenes. Compuso para el cine, escribió conciertos para sitar y orquesta, y actuó en escenarios de prestigio, desde Woodstock hasta las Naciones Unidas. Su obra le valió múltiples premios Grammy, el Bharat Ratna y una admiración global.
Para los indios en todo el mundo, Ravi Shankar representa más que la excelencia. Es la prueba de que la integridad cultural puede viajar intacta, sin diluirse, y aun así ser comprendida universalmente.