En 1998, cuando el Comité Nobel reconoció a Amartya Sen por sus contribuciones a la economía del bienestar, fue el reconocimiento de algo que ya había transformado silenciosamente la manera en que el mundo pensaba sobre la pobreza, la libertad y la dignidad humana.
La intervención más influyente de Sen fue engañosamente simple: que el desarrollo no podía medirse únicamente por el ingreso. Su Enfoque de las Capacidades replanteó el bienestar como la libertad real que tienen las personas para vivir vidas que tienen razones para valorar, una idea que se convirtió en la columna vertebral intelectual del Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, desplazando la política global del PIB hacia algo más honesto.
Su trabajo anterior sobre las hambrunas fue igualmente trascendental. Pobreza y hambrunas demostró que el hambre rara vez se debe a la ausencia de alimentos; se trata de quién tiene el derecho de acceder a ellos. Ese argumento cambió la arquitectura de la política internacional de seguridad alimentaria.
Galardonado con el Bharat Ratna en 1999, Sen también ha moldeado la política interna india en materia de educación, salud pública y gobernanza democrática. Ahora, ya en sus noventa años, sus escritos siguen siendo lectura obligatoria. No solo para economistas, sino para cualquiera que se tome en serio la pregunta de cómo es una sociedad justa.