Hace siglos, Guru Rinpoche, venerado como el Segundo Buda, llegó a Bután y entrelazó el budismo con sus montañas a través de danzas sagradas, sometiendo a espíritus malignos y bendiciendo la tierra con sus enseñanzas. En la década de 1670, Gyalse Tenzin Rabgye, cuarto Desi de Bután, quiso honrar ese legado y estableció el Thimphu Tshechu como un homenaje perdurable, un festival nacido de la gratitud hacia el santo que ayudó a dar forma al alma de la nación.
Tshechu significa “día diez”, ya que estos festivales se celebran alrededor del décimo día del mes lunar, fecha en la que se cree que tuvieron lugar las hazañas de Guru Rinpoche. En la década de 1950, el tercer rey, Jigme Dorji Wangchuck, enriqueció la tradición incorporando nuevas danzas de máscaras, aportándole aún más color sin restarle su profundo sentido de devoción.
Celebrado cada otoño en el Tashichho Dzong de Thimphu, este festival de tres días transforma el patio en un universo de mitos y leyendas. Monjes ataviados con elaboradas máscaras y vestimentas interpretan las danzas cham, que recrean antiguas historias, mientras los habitantes locales se reúnen vestidos con sus mejores gho y kira, convencidos de que el simple hecho de asistir aporta mérito espiritual y bendiciones.
Para el viajero, es una oportunidad excepcional de adentrarse en un reino que todavía mide el paso de sus días a través de la fe, y un recordatorio de que algunas celebraciones son menos una representación que una forma de oración.